Tratamiento de las quemaduras a través del tiempo

Ricardo Salazar Lopez

Resumen

Palabras clave: fuego, quemaduras, infección, vendajes, injertos.
key words: fire, burn, infection, bandage, grafts.

Se hace un recuento histórico del tratamiento de quemaduras a lo
largo del tiempo.

Abstract

A brief historical recounting of the treatment of burn lesions throughout human history.

 

Las lesiones térmicas se han presentado desde la antigüedad; están relacionadas directamente con el descubrimiento del fuego; su impacto ha sido tan significativo que en la gran mayoría de las civilizaciones y culturas se ha atribuido la aparición del fuego a orígenes mitológicos. Es así como en las más de ellas existió la figura Dios del Fuego, denominándose dentro de las mismas con diferentes nombres tales como: Hefestos, Vulcano, en las culturas Greco-Romanas; en los países Celtas se conoció como Brigit; en la cultura Hindú se denominó Agni, presentándose esta creencia también en América donde
se conoció como Xolotl en la civilización Azteca. 
Hubo múltiples especulaciones sobre el origen de la relación hombre-fuego, desde los incendios forestales, las llamas producidas por centellas o las erupciones volcánicas. De todas, la más difundida fue la de origen mitológico, la cual atribuye a Prometeo el haber robado el fuego para entregarlo a la humanidad, traición esta que lo hizo merecedor del eterno castigo. El Dios Zeus no quiso que el fuego fuera dominado por el hombre. Prometeo para robarlo ascendió al monte Olimpo y lo tomó del carruaje de Helios (Sol) o de la forja de Hefesto, y lo entregó a los hombres en un tallo de madera el cual
ardía lentamente.
En la Biblia cristiana también se relatan episodios en los cuales se describen quemaduras. Uno de los más descriptivos está registrado en el libro LEVÍTICO en el que se puede leer: 24 Asimismo cuando el cuerpo tenga en su piel quemadura de fuego y haya en la quemadura una mancha blanquecina, rojiza o blanca, 25 el sacerdote la mirará, y si el pelo se ha vuelto blanco en la mancha y esta parece estar más hundida que la piel, es lepra que salió en la quemadura; y el sacerdote lo declarará impuro, por ser llaga de lepra. 26 Pero si el sacerdote la mira, y no aparece en la mancha pelo blanco ni está más baja que la piel, sino que está oscura, le encerrará el sacerdote durante siete días.1
En las culturas americanas precolombinas, una de las referencias más antiguas a la utilización del mismo está descrita por Fray Bartolomé de las Casas de esta manera: desde árbol solo sacaban fuego los indios; tomaban dos palos del muy secos, el uno tan gordo como dos dedos, y hacían en él con las uñas o con piedra mosquesina, y ponían este palo debajo de ambos pies, y el otro palo era más delgado como un dedo, la punta redondilla, puesta en la mosca; con ambas palmas de las manos traíanlo a manera de un taladro, esto con mucha fuerza; con este andar de manos salía del palo de abajo molido polvo, de la misma manera delgado como harina; cuando el palo de abajo se ahondaba con el de arriba, y cuanto más el hoyo se ahondaba y el polvo salía, tanto más se hacía apriesa con las manos y con fuerza o vehemencia, y entonces el mismo polvo o madera molida que el palo de abajo salía era encendido de la manera que se enciende castilla. Y esta es la industria que los indios para sacar fuego sin hierro y pedernal tenían. (Apologética historia de las Indias, cap. XIII.)2, en la cultura Azteca (Figura 1) está descrito el tratamiento de las quemaduras con la aplicación de cataplasmas elaborados con savia de Nopal, teamoxtli, Texiyotl, las cuales se mezclaban con miel y yema de huevo, dándole una consistencia adhesiva, permitiendo así proteger el proceso natural de cicatrización3.

Se encuentran diferentes descripciones en la gran mayoría de las civilizaciones generalmente asociadas a conceptos mitológicos, pero uno de los documentos más antiguos que describen tratamientos para las quemaduras se encontró en la civilización egipcia la cual ha conservado en su patrimonio cultural diferentes papiros en los que se describen múltiples situaciones. Uno de ellos contiene una importante cantidad de relatos de enfermedades y traumas lo mismo que múltiples recetas y formas de tratamiento para diferentes lesiones, es el denominado Papiro de Ebers donde se encuentra la siguiente receta para el tratamiento de las quemaduras:
Para las quemaduras: mezcla de leche materna (si ha sido parido un niño), con goma y pelo. Diga cuando lo toma: El hijo de Horus (dios de la salud, que recuperó por medios milagrosos su ojo perdido) se quema en el desierto. ¿Hay agua allí? No hay agua. Tengo agua en mi boca y un Nilo entre mis muslos.
He venido a extinguir el fuego..

En la civilización greco-romana es muy importante destacar los aportes y conocimientos del “Padre de la Medicina” HIPÓCRATES (Figura 2), quien en escritos elaborados con objeto de establecer un diferentes enfermedades y en lo pertinente a las quemaduras escribió:

Para las quemaduras.“Hay que cocer raíces tiernas de coscoja que tenga la corteza muy espesa y verde, cortada en trocitos pequeños y metida en vino, cocerla a fuego suave hasta que parezca tener buena consistencia como para untar; lo mismo (se hace) con agua. -Otro (remedio) que no es mordiente: untar solo grasa vieja de cerdo derretida y poniendo por encima raíz de escila partida, vendar y al día siguiente aplicar fomentos. -Otro: se derrite grasa rancia de cerdo y cera y se mezclan con incienso, aceite, escamas de almez y minio y, una vez untado eso, cociendo hojas de aro en vino y aceite,  aplicarlas y poner un vendaje. -Otro remedio: después de haber untado grasa rancia de cerdo, aplicar raíces de asfódelo machacadas y molidas muy finamente en vino. -Otro: fundir grasa rancia de cerdo y mezclarla con resina y asfalto y, poniendo eso en unas hilas y calentándolo al fuego, aplicarlo y poner un vendaje”4.

Dentro de las conclusiones y recomendaciones de HIPÓCRATES hay algunas que continúan vigentes como son, la del lavado de las heridas, que a pesar de recomendar la utilización del vino o en algunos casos agua hervida, en la actualidad el tratamiento de cualquier lesión independientemente de su etiología
se inicia con la limpieza. Igualmente y sin conocer su origen el autor recomendaba no permitir la acumulación de pus y procurar mantener las lesiones en estado de sequedad, de la misma manera recomendó el uso y cambio frecuente de apósitos, los cuales como se mencionó previamente deberían estar debidamente impregnados de diferentes substancias grasas, tanto de origen vegetal o animal. 

ARISTÓTELES, quien estudió y analizó las diferentes etiologías de las quemaduras concluyendo que las causadas por metales fundidos cicatrizaban más rápidamente lo cual posteriormente se utilizaría en el manejo de diferentes heridas, y se conocería con el vocablo “termocauterización”. El tratamiento de las quemaduras continuó con una importante influencia de las recomendaciones de la cultura Greco-Romana siendo aceptadas y aplicadas por PABLO DE EGINA quien en sus documentos recomendaba la utilización de preparaciones emolientes para los cuales utilizaba productos vegetales y metálicos destinados a la protección de las lesiones.
En los escritos de PLINIO se encuentran ingredientes utilizados empíricamente para el tratamiento de las quemaduras dentro de los que se puede destacar el siguiente: Para el tratamiento de quemaduras se emplean las cenizas de la cabeza de un perro, mezclado con aceite, o el estiércol de oveja mezclado con cera de abejas y cenizas de caracoles y son tan excelentes que no hay cicatrices evidentes5. 

En la cultura musulmana se destacaron los médicos RHAZES Y AVICENA quienes con sus estudios y experiencias se preocuparon por el manejo del dolor en estos casos y la adecuada limpieza de la lesión utilizando substancias refrigerantes.

Con el transcurrir del tiempo se multiplicaron los estudios y la difusión de las observaciones. En Inglaterra, WILLIAM CLOWES publicó un libro dedicado exclusivamente al tratamiento de las quemaduras en el que recomendaba el uso de medicamentos tópicos, los cuales había usado Ambroise Paré. Este libro se tituló: A Profitable and Necessary Book of Observations.
Posteriormente, en 1607 se publicó un libro titulado The Conbustionibus por el médico suizo FABRICIUS HILDANUS de BASEL en el que se definen los diferentes grados de las quemaduras con base al compromiso tisular y la profundidad de las mismas.
El inglés EDWARD KENTISH publicó en 1797 el libro: An Essay on Burns que en ese momento fue ampliamente difundido y sus aportes aplicados en el tratamiento de las quemaduras6. En esa época se inició el tratamiento quirúrgico de los pacientes quemados. Inicialmente consistió en resección tangencial del tejido lesionado y colocación de injertos. Uno de los pioneros fue GUISEPPE BARONIO7 quien en 1804 escribió un libro titulado: Degli Innesti Animali donde se describen los progresos y evolución de los autoinjertos. 
Como ejemplo de ello mostró sus resultados en una oveja (Figura 3).

El cirujano francés GUILLEUME DUPUYTREN (Figura 4) en uno de sus escritos de 1832 clasificó las quemaduras en seis grados de acuerdo al compromiso de los tejidos y a su profundidad. Posteriormente, JOHN SYME en 1833, es nombrado director de un hospital dedicado exclusivamente al tratamiento del paciente quemado. En Europa, en América y específicamente en la Nueva Granada se incrementaron diferentes terapias y medicamentos. 


Uno de ellos se utilizó y publicó enfatizando el tratamiento tópico: Para preservarse de que no haya ampollas, o por lo menos que no sean tan fuertes, y para defender la inflamación, luego que la persona se ha quemado, aplicar a la parte quemada tierra mojada con aga (agua); o en lugar de la tierra, tome bolo o del barro colorado y deshecho en agua; untarse con mantequilla por sí sola, o con aceite mezclada; o aplicar unos paños como defensivos, mojados en ello algo picados; o aplicar la lentejuela del agua (Lemna minor; Lemnaceae), o culantro verde (Coriandrum sativum, Apiaceae). medio cocido, o bledo verde (Betavulgaris, Chenopodiaceae), o acelgas (Beta vulgaris, var, cicla), o verdolagas (Portulaca oleracea, Portulacaceae), o hierba mora (Solanum nigrum, Solanaceae) solo majada y así fresca aplicada; o toma yema y clara de huevo batido junto, o solo clara, y puesta en hilas o algodón o lana; o tome solo una clara de huevo batida, como dos partes, y una parte de aceite de comer, batido junto muy bien, y untar con ello con una pluma de gallina muchas veces el lugar quemado, sin amarrar cosa alguna, continuándolo hasta que por sí se caigan las costricas; el aceite que se hace de la clara de huevo con  un poco de chjocolate en polvo y todo revuelto, es útil, o tome una libra de cal viva y apagar con bastante agua de llantén (Platanago ssp. Plantaginaceae), o agua ordinaria, la cal, y bien asentada la cal, se cuela el agua por un paño tupido de lana, y esta agua se mezcla con aceite rosado, o con mantequilla fresca, o con tuétano de vaca derretida, y se unta varias veces con una pluma lo quemado; y mejor aprovecha esta untura usando de ella antes que otra cosa se aplique, fuera de ser muy suave, es muy eficaz; otros ponen cebollas majadas (Allium cepa, Liliaceae) con un tantico de sal, o aceite común con clara de huevo con tantico de sal mezclado; pero también preserva de las ampollas el arrimar la parte quemada poco a poco a la misma llama del fuego, para que un calor seque otro calor8. 

El tratamiento quirúrgico de las quemaduras se inició en el siglo XIX como resecciones tangenciales del tejido necrótico y utilización de injertos de piel, pero no sería sino hasta el año de 1869 cuando el cirujano suizo JAQUESLOUIS REVERDIN (Figura 5) realizó injertos epiteliales con resultados aceptables lo cual permitió un importante logro en el tratamiento de estas lesiones7.

Hacia el final del siglo XIX se inició la terapia con líquidos intravenosos y se hizo evidente la evolución fisiopatológica de estas lesiones para concluir que no solamente se debería hacer un tratamiento tópico sino que también había que considerar las alteraciones sistémicas y metabólicas lo cual evolucionó hacia la utilización de solución salina y al estudio y tratamiento de las alteraciones generadas por la pérdida de líquidos y el desequilibrio metabólico. En el siglo XX hubo importantes aportes relacionados con el estudio de la fisiopatología de las quemaduras, independientemente de esto con los sucesos presentados durante las guerras mundiales y la introducción de los medicamentos tópicos de acción antibacteriana y la aparición de los antibióticos se lograron importantes y significativas conclusiones sobre el tratamiento y pronóstico de los pacientes.

Cuando se realizó la quincuagésima séptima reunión anual de la Southern Surgical Association en Hot Springs, Virginia en diciembre de 1945, el cirujano John Staige Davis (Figura 6) 

presentó la siguiente comunicación: 
Durante la guerra pasada no existían reglas definidas para el tratamiento de las quemaduras, y  cada cirujano aplicaba su propio juicio y métodos individuales. En cambio durante la guerra actual se prestó considerable atención al tratamiento de estas lesiones, que fueron muy numerosas. Aquí no entraremos en detalles, limitándonos a mencionar que una comisión especial del National Research Council se ha dedicado a estudiar este problema, que los progresos alcanzados, son considerables y que las quemaduras son tratadas mejor que nunca. Sin embargo, no creemos que se haya encontrado la solución definitiva. Los factores cardinales de los métodos terapéuticos más modernos están destinados a tratar el shock; a prevenir la pérdida de líquidos por medio de apósitos compresivos no adherentes, que se cambian con escasa frecuencia; a impedir la infección; a acelerar la cicatrización, injertando la herida con la mayor precocidad posible; y, por fin, a mejorar el estado nutricio, administrando vitaminas, etcétera, a medida que progresa la convalecencia”9.

Un importante logro obtenido durante la II Guerra Mundial fue el del uso de la hidroterapia, por los médicos alemanes y aplicado luego por los ingleses. Al respecto, JEAN EPARVIER describió: El quemado es introducido con precaución en una bañera, cuidadosamente desinfectada, llena de agua salada  isotónica, a la temperatura del cuerpo. Entonces pueden desprenderse fácilmente los vendajes, y las heridas cesan de ser dolorosas y las articulaciones se mueven libremente. Estos baños se renuevan diariamente o cada dos días, según la gravedad del caso, y este método permite a menudo transformar enormes quemaduras gigantes en zonas proliferativas relativamente limpias y aptas para recibir el injerto.10

En lo concerniente a Colombia, se realizaron múltiples tratamientos tópicos durante el siglo XX. Los principales medicamentos eran a base de sulfato de plata, parafina y tanino. Es importante recalcar que con el avance de las técnicas quirúrgicas, uno de los fundadores de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, el doctor JUAN RUIZ MORA (Figura 7)

escribió: Quiero antes de terminar, dejar en la memoria de los colegas que se hayan tomado el trabajo de leer estos comentarios, que el tratamiento de las quemaduras mediante injertos de piel es uno de los progresos adquiridos últimamente para aliviar prontamente y curar los dolores y funestas consecuencias de las quemaduras11.

Hacia los finales del siglo XX y principios del siglo XXI la tecnología y los avances en la investigación han hecho muy importantes avances en el tratamiento de estos pacientes, tanto desde el aspecto infeccioso como del metabólico y fisiopatológico. Se han entronizado múltiples terapias y agentes, fruto de los estudios ceñidos a la metodología de la investigación y basados en la evidencia científica, lo cual, ha permitido una supervivencia significativa y una adecuada rehabilitación de los pacientes.

Datos de contacto del autor
Ricardo Salazar López, M.D.
Correo electrónico: Correo electrónico: risalazarl@gmail.com

Palabras clave

fuego, quemaduras, infección, vendajes, injertos.

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Referencias

1. Biblia, Levítico 13-24-26.

2. Nicolau D’olwer Luis. Cronistas de las culturas precolombinas 1981,

págs. 63-64.

3. Pedro Lain Entralgo. Historia Universal de la Medicina. 1972, Tomo

, p. 314.

4. Hipócrates, Tratados Hipocráticos Tomo VII, p. 300.

5. Plinio, Natural History XXX, 109, ed. Jones VIII, p. 348.

6. Carlos E. De los Santos. Guía básica para el tratamiento del paciente

quemado.

7. Hattery Eleanor, Burn Care in the 1800s journal of Burn Care &

Research. January/February 2015;36(1):236-239.

8. Santiago Díaz Piedrahita. La terapéutica en el nuevo Reino de Granada.

Academia Colombiana de Historia mayo 2002; 90-91.

9. J. S. Davis. La Cirugía plástica en ambas guerras mundiales. Anales de

Cirugía. Abril 19465(4):627.

10. Jean Eparvier. Los milagros de la Cirugía 1955;p. 121.

11. Juan Ruiz Mora. Las quemaduras y su tratamiento por injertos de

piel, Revista de la Facultad de Medicina Mayo 1947; XV:671-687.

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