Quemaduras de la mano en niños: experiencia de 5 años en una unidad de quemados pediátrica en Bogotá -(Hand burns in children: a 5 year experience in a pediatric burn unit in Bogotá)

GIOVANNI MONTEALEGRE GÓMEZ, ANDRÉS PARRA CARREÑO, SILVIA PÉREZ

Resumen

Objetivo: Mostrar los resultados del manejo de pacientes pediátricos con quemaduras en mano en una unidad de quemados durante un periodo de 5 años.

Materiales y métodos: Estudio descriptivo, observacional, retrospec- tivo, en una unidad pediátrica de quemados de en un periodo de 5 años. Todas las historias clínicas fueron revisadas y los datos reco- lectados para el análisis de los resultados. El análisis estadístico se realizó por medio del programa IBM SPSS Statistics.

Resultados: Fueron incluidos 287 pacientes, con un promedio de edad de 3,8 años ; el grupo más afectado fue el de menores de 2 años (51,2%). La causa más común fue el líquido hirviente (51,4%) con un promedio de estancia hospitalaria de 14,8 días. El 84,3% de los casos recibió manejo conservador y el 15,7%, manejo quirúrgico durante la fase aguda. Los factores asociados a la presencia de limi- tación funcional y la necesidad de cirugía reconstructiva encontrados fueron el manejo quirúrgico durante la fase aguda, el manejo con nitrofurazona, la profundidad de la quemadura y las quemaduras eléctricas.

Conclusión: El manejo conservador ofrece adecuados resultados en pacientes pediátricos con quemaduras en mano, con menor riesgo de presentar alteraciones funcionales y necesidad de procedimientos reconstructivos.

ABSTRACT

Objective: To show the outcomes of the treatment in a pediatric population with

hand burn admitted in a burn unit during a period of 5 years.

Materials and methods: Descriptive, observational, and retrospective study in a pediatric burn unit over a 5 – year period. The data were obtained from the clinical records and the statistical analysis was performed through the IBM SPSS Statistics software.

Results: 287 patients were included. The average age of population was 3.8 years. Children under 2 years were the group most affected by thermal injuries in hand (51.2%). Scald burns constituted the most common cause of burns (51.4%). The 84.3% of the cases received conservative treatment only and 15.7% surgical management during the acute phase. The surgical procedures during the acute phase, use of Nitrofurazone, depth of the burnand electrical burns were the factors associated with the presence of functional limitation in the hand and the need for reconstructive surgery.

Conclusion: Conservative management offers adequate results in pediatric patients with hand burns, showing a lower risk of functional alterations and the need for reconstructive procedures.


Introducción
Debido al interés de los niños por explorar el medio que los rodea y sumado esto a la falta de reflejo de retirada1, las quemaduras en las manos son accidentes frecuentes en la infancia2,3. La mano constituye aproximadamente el 3% de la superficie corporal total; sin embargo, debido a su exposición con el ambiente se hace más susceptible de sufrir lesiones térmicas y puede estar comprometida hasta en el 80% de los casos de las que- maduras4. Las lesiones en este nivel son generalmente graves2 y la morbilidad derivada es considerable, con un impacto funcional, estético y psicológico importante4.

La etiología de la quemadura está influenciada por la edad y la etapa del desarrollo en que se encuentre el menor. Las quemaduras por escaldadura constituyen la mayoría de lesiones en menores de 10 años, mientras que en niños mayores se pueden observar quema- duras por flama o contacto con superficies calientes. Aproximadamente el 10% corresponden a sospecha de maltrato1.
No hay consenso sobre el tratamiento ideal, pero se debe tener en cuenta aspectos como la etiología, la localización, la profundidad y el crecimiento de la mano2. El manejo inicial resulta de suma importancia para optimizar la función y minimizar la cicatriz a largo plazo1; durante este periodo, es necesaria la terapia física y ocupacional; esta última debe adaptarse al desarrollo psicomotor del niño.
El riesgo de secuelas en los niños es mayor y la prevención resulta difícil debido al tamaño de las manos y la rápida aparición de bridas. Las secuelas pueden ser menores o mayores; dentro del primer grupo encontramos alteraciones en la coloración o la presencia del patrón de mallado cuando el injerto fue expandido. Entre las secuelas mayores podemos mencionar las bridas cicatriciales, particularmente a nivel de las comisuras, que pueden limitar la apertura del espacio interdigital y alterar el desarrollo de segmentos óseos (debido al déficit de crecimiento), produciendo deformidades en los de- dos, distrofias y/o alteraciones ungueales2.

El tratamiento de las quemaduras ha mejorado de forma importante desde la aparición de servicios especializados, dando al manejo de estos pacientes un enfoque interdisciplinario e inicio de la rehabilitación de forma temprana con el objetivo de evitar alteraciones funcionales. Sin embargo, los datos acerca de los resultados de las quemaduras en manos en niños son limitados5; el objetivo de este estudio es mostrar los resultados del manejo en pacientes con quemaduras en mano tratados en una unidad de quemados pediátrica durante un periodo de 5 años.

Materiales y métodos
Se llevó a cabo un estudio retrospectivo, observacional, mediante la revisión de las historias clínicas de pacientes con quemadura en la mano uni o bilateralmente, de cualquier grado de profundidad y etiología que ingresaron a la unidad de quemados pediátrica de la Fundación Hospital de la Misericordia en el periodo compren- dido entre enero de 2012 y diciembre de 2016.
Los pacientes con presencia de condiciones patológicas que alteren la cicatrización, enfermedad arterial periférica, uso de medicamentos como corticoides, radioterapia, quimioterapia, y alteraciones de la mano previas a la quemadura fueron excluidos del estudio.
Se definió cirugía reconstructiva como la realizada después del tratamiento primario agudo y para el tratamiento de secuelas.
Todos los pacientes fueron tratados según los protocolos de la unidad de quemados que incluyen: retiro de flictenas, reposición hídrica, manejo tópico con vaselina, cambio diario de vendajes, antibioticoterapia si presentaban signos locales de infección, uso de férula, realización de fisioterapia y terapia ocupacional. Los pacientes con alta sospecha o diagnóstico de síndrome compartimental fueron llevados a cirugía para realización de fasciotomías. El manejo fue expectante con evaluación diaria de la evolución, y en caso de necesidad se realizó manejo tópico con colagenasa, nitrofurazona, factor de crecimiento epidérmico, uso de apósitos hidrocoloides, escarectomía y/o realización de injertos. Este estudio fue aprobado por los comités de ética del Hospital la Misericordia y la facultad de medicina de la Universidad Nacional de Colombia.
El análisis estadístico de los resultados se realizó por medio del programa IBM SPSS Statistics y la población fue dividida por grupos etarios (tabla 1). La asociación con probabilidad de ocurrencia fue estimada con los odds ratio con un intervalo de confianza del 95%.

Resultados

Un total de 287 pacientes fueron incluidos en el análisis: 160 mujeres (55,7%) y 127 hombres (44,3%). La población presentó una edad promedio de 3,79 años, y el grupo etario más afectado fue el de los lactantes (menores de 2 años), que representa un poco más de la mitad de la muestra (51,2%). La quemadura por líquido hirviente fue la causa más común en el 51,4% de los casos. En nuestro medio la pólvora continúa siendo una causa de quemaduras, encontrandose como causa en el 3,1% de los casos. En la gráfica 2 se muestra la distribución por etiología de las que- maduras. Las características de la población se muestran en la tabla 1.

La mayoría de pacientes presentaban quemadura de segundo grado (87,5%), el resto de la población pre- sentaba una combinación de primer y segundo grado, segundo y tercer grado y de tercer grado de forma aislada. Dentro de las quemaduras de segundo grado lo más común fue la presencia de un compromiso superficial y profundo (46%). Se encontró una distribución similar frente al lado afectado por la quemadura entre la mano derecha (41,5%) y la izquierda (47%); el compromiso bilateral fue el menos común (11,5%).

El porcentaje de superficie corporal total quemada encontrada fue del 0,5% al 55% con una media de 4,34% (desviación estándar = 6,46); el mayor número de pacientes presentó un compromiso del 1% de superficie corporal (n=107 pacientes) seguido por el 2% de SCQ (n=34 pacientes) reflejando en la mayoría de casos un compromiso aislado de la mano. Las características de las quemaduras se muestran en la tabla 2.
La mayoría de pacientes (96,5%) recibió manejo tópico con vaselina; en el 27,9% de los casos recibieron adicionalmente tratamiento tópico con nitrofurazona, y en el 22% se adicionó colagenasa al manejo. En meno- res proporciones se usaron apósitos hidrocoloides, factor de crecimiento epidérmico, Bactigras® y Fitostimoline®, entre otros.

El tiempo de epitelización se encontró en un rango entre 2 y 150 días con una media de 20,58 días. El mayor porcentaje de pacientes se encontró en el grupo que epitelizó dentro de los primeros 15 días después del ingreso a la unidad de quemados (66,5%); esta distribución se muestra en la gráfica 1. El tiempo de estancia hospitalaria estuvo en un rango de 1 a 220 días con un promedio de 14,8 días. Solo el 15,7% presento algún tipo de infección.
El porcentaje de pacientes que requirió manejo quirúrgico durante la fase aguda fue del 15,7% (escarectomía, 45 pacientes; escarectomía más injerto, 30 pacientes, y fasciotomía, 12 pacientes). La relación entre la escarectomía temprana o tardía y la presencia de limitación funcional no es estadísticamente significativa (<7 días, OR 1,03, IC 95%, 0,28-3,75; >7 días, OR
1,2, IC 95%, 0,32 -4,505). El gráfico 2 muestra la distribución del tiempo en el que se realizó el procedimiento en relación al tiempo de la quemadura.
Durante el seguimiento, un 15% de los pacientes presentaron algún tipo de limitación funcional en la mano. Dentro de este grupo el 41,8% requirieron ci- rugía reconstructiva, lo que representa el 6,3% de la población total. Los procedimientos más frecuente fueron los colgajos locales, seguidos de colgajos locales más zetaplastia. Estos datos se resumen en la tabla 3.

Entre los pacientes que presentaron retraso en la epitelización (mayor a 15 días) se halló una mayor probabilidad entre el grupo con quemaduras de segundo y tercer grado (OR 26,23, IC 95%, 3,36-4,98, y OR 10,11, IC 1,16 - 87,76 respectivamente) y en los pacientes que tuvieron infección (OR 2.09 IC 95% 1,09- 3,98). No se encontró asociación con el tipo de tratamiento tópico recibido, la etiología de la quemadura o la edad del paciente. Los resultados se muestran en la tabla 4.
Los factores asociados a una mayor probabilidad de presentar limitación funcional de acuerdo con el tipo de tratamiento (tópico o quirúrgico) durante la fase aguda fueron la escarectomía (OR 8,75, IC 4,21-18,18), los injertos de piel (OR 16,76, IC 7,14-39,36) y la fasciotomía (OR 14,12, IC 95%, 4,03-49,41). En el manejo tópico solo el uso de nitrofurazona presentó mayor probabilidad de tener algún tipo de limitación funcional (OR 10,28, IC 95%, 4,92-21,47). También se encontró una mayor probabilidad de alteración funcinal en los pacientes que presentaban quemadura de segundo grado profundo y tercer grado (OR 5,13, IC 95%, 2,50-10,51, y OR 10,11, IC 1,16-87,76) respetivamente; así como en los pacientes que presentaron una epitelización mayor a 15 días (OR 30,57, IC 95%, 10,49-89,12).

No se encontró asociación entre los diferentes grupos etarios, ni el sexo, así como tampoco con la etiología de la lesión térmica para desarrollar una limitación funcional posterior al manejo agudo. La infección no presentó una probabilidad aumentada para la limitación funcional. Los resultados se resumen en la tabla 5. El grupo etario que presentó mayor número de pacientes con limitación funcional fue el de los lactantes mayores (13 casos), seguido por el grupo de escolares (11 casos), y el menos afectado fue el de los adolescentes (4 casos); esto se puede evidenciar en la gráfica 3. Las causas más comunes de la quemadura en los pacientes que presentaron limitación funcional fueron el líquido hirviente (15 casos) y la superficie caliente (14 casos), que entre las dos constituyen el 67,4%.
Por otra parte, la probabilidad de que los pacientes necesitaran procedimiento reconstructivo fue mayor en los que tuvieron quemaduras de origen eléctrico (OR 14,39, IC 95% 4,02-51,55) y quemaduras de mayor profundidad: segundo grado profundo (OR 9,85, IC 95%3,59-27,03) y tercer grado (OR 8,28, IC 95%, 1,41-48,66). De la misma manera, en los pacientes so- metidos a procedimientos en el manejo agudo, específicamente la escarectomía (OR 8,36, IC 95%, 3,09- 22,61); cubrimiento con injerto de piel (OR 8,98 IC 95% 3,22-25,08), y fasciotomías (OR 21,83, IC 95%, 6,13-77,82). En cuanto al tratamiento tópico, el manejo con nitrofurazona fue el único que mostró mayor probabilidad de que los pacientes requirieran cirugía reconstructiva (OR 15,69, IC 95% 4,40-55,91). No se encontró asociación con el sexo o la edad del paciente. Los resultados se resumen en la tabla 6.

La necesidad de procedimientos reconstructivos en los grupos etarios lactante mayor, preescolar y escolar fueron iguales, con cinco casos en cada grupo. Ningún paciente del grupo de los lactantes menores requirió procedimientos reconstructivos. La causa más común de la quemadura que requirió algún tipo de procedimiento reconstructivo fue el líquido hirviente (7 casos), seguida por la quemadura eléctrica (5 casos).


Discusión
Aunque la mano solo representa el 3% de superficie corporal2,4, puede estar comprometida hasta en el 80% de los casos de quemaduras4,6. A pesar de los avances en el manejo inicial, las lesiones térmicas en esta área pueden alterar la función y causar deformidad,7 encontrando una prevalencia de contracturas entre el 5 al 40%6. En el grupo de pacientes estudiado se encontró una prevalencia del 15% de limitación funcional, y el 6,3% requirió algún tipo de procedimiento reconstructivo; este último es menor al porcentaje re- portado por Van der Vlies et al. (15%)6, aunque el periodo de seguimiento y el promedio de edad en el presente estudio fueron menores.
La quemadura de la mano es un accidente frecuente en niños pequeños y su incidencia es de aproximada- mente el 15%8. El grupo más afectado en la población estudiada es el de los lactantes (menores de 2 años); esto puede obedecer a un mayor interés en esta población por explorar el ambiente y a un menor reflejo de retirada. Las lesiones generalmente son graves debido al impacto funcional2 con alto riesgo de secuelas por la aparición de contractura cicatricial a causa del rápido crecimiento de los pacientes8,9.
La causa más frecuentemente encontrada fue la que- madura por líquido hirviente (51,4%), que constituye la etiología más común en menores de 10 años según varios autores. En la revisión realizada por E. Conti2 este mecanismo representa el 64% de los casos; las quema- duras por contacto representan un 9%; las quemaduras por llama alcanzan el 17%; las lesiones por electricidad representan un pequeño porcentaje del total de las lesiones (7%), y las secundarias a químicos son raras2. En la población estudiada, la segunda causa encontrada es el contacto con superficie caliente; sin embargo, en algunas series este mecanismo constituye las causas más prevalente10. En nuestro medio la quemadura por pólvora aún constituye una causa en la población pediátrica (3,1 % de los casos).
La mayoría de los casos correspondieron a quema- duras de segundo grado, y dentro de estas fue más común una combinación de compromiso superficial y profundo. Sheridan et al. encontraron que el 97% de los niños con quemaduras de segundo grado superficial tenían una función normal evaluada por un terapeuta a los 5 años de seguimiento11. Sin embargo, el componente profundo en las quemaduras de segundo grado puede alterar el pronóstico funcional en los pacientes con lesiones térmicas de la mano.
En las quemaduras profundas, una gran parte de las células epiteliales están destruidas, de manera que alteran el proceso de epitelización cuando curan espontáneamente, pues existe un depósito excesivo de colágeno, favorecido por una fase inflamatoria más prolongada; esto da como resultado una mayor cicatriz, con mayor riesgo de alterar la funcionalidad, por lo que generalmente se requiere desbridamiento e injertos de piel4,12. A pesar de esto, en el grupo de estudio la necesidad de procedimientos en la fase aguda fue solamente del 15,7%.
No hay consenso sobre el tratamiento ideal, pero sí se debe tener en cuenta la etiología, la localización, la profundidad y el crecimiento de la mano2. El objetivo es asegurar la epitelización y al mismo tiempo evitar las contracturas9,13. Eirini Liodaki et al. realizaron un algo- ritmo de manejo de la mano quemada en el paciente pediátrico, donde en un primer contacto se deben retirar las flictenas, lavar y cubrir las lesiones con apósitos húmedos. Lo más ampliamente aceptado es el uso de gasas con derivados de petróleo (vaselina), que permiten que el área permanezca húmeda y no se pierda agua ni calor; en 24 a 48 horas se puede evaluar mejor la profundidad e identificar las quemaduras de tercer grado que deben ser sometidas generalmente a manejo quirúrgico, mientras que las de segundo grado pueden ser manejadas nuevamente de manera oclusiva con apósitos14.
En la unidad de quemados donde se llevó a cabo el estudio, se realiza un protocolo similar al expuesto anteriormente. Con este manejo conservador se obtuvo la epitelización completa en alrededor de dos tercios de los pacientes, dentro de los primeros 15 días posteriores a la lesión, tiempo que consideran muchos autores como fisiológico para evitar cualquier retracción ; si ex- cede este tiempo, el tejido de granulación cargado de fibroblastos puede causar una cicatriz patológica2.
Los datos indican que los pacientes con segundo grado profundo y tercer grado, así como los que tuvieron infección, presentan mayor probabilidad de tener retraso en la epitelización (mayor a 15 días). Se ha reportado que el manejo conservador con vaselina resulta en una adecuada epitelización dentro de los límites normales.

Se puede esperar entre 2 y 3 semanas mientras la quemadura epiteliza, al tiempo que el paciente recibe terapia física; puede ser un error adicionar morbilidad en el área donante y la cicatriz de un injerto en una quemadura que va curando bien4.
El desbridamiento enzimático a partir de colagenasas derivadas de bacterias es una herramienta útil cuando se quiere optar por un manejo no invasivo15. En cuanto a las quemaduras de segundo grado, Cordts et al. concluyeron que el desbridamiento enzimático puede disminuir la necesidad de escarectomía hasta en un 53%, y disminuir el área que se va a injertar hasta en un 37%; sin embargo, el tiempo de cicatrización suele aumentar16. Asimismo, Zacharevskij et al. encontraron que el tiempo de epitelización con el desbridamiento enzimático puede aumentar en comparación con el uso de otros ungüentos17. A diferencia de los datos encontrados en este estudio, el uso de colagenasa no constituye un factor para el retraso en la epitelización.
Como ya se mencionó, el 15% de los pacientes presentó algún tipo de limitación funcional en la mano durante el seguimiento. Los factores asociados con una mayor probabilidad de presentar algún tipo de limitación fueron la cirugía durante la fase aguda, la adición al manejo tópico de nitrofurazona, las que- maduras de mayor profundidad (segundo grado pro- fundo y tercero) y la epitelización retrasada (mayor a 15 días). Los pacientes sometidos a escarectomía tienen 8 veces más probabilidad de presentar limitación funcional; los sometidos a injertos de piel y escarectomía, 16 y 14 veces mayor probabilidad, respetivamente. En el manejo tópico, los pacientes tratados con nitrofurazona tienen 10 veces más la probabilidad de presentar alteración funcional en la mano, en comparación con los otros tratamientos tópicos. Los datos obtenidos demuestran que la edad, el sexo, el mecanismo de lesión ni la infección aumentan la probabilidad para presentar limitación funcional posterior al manejo agudo. Van Zuijlen no encontró valores predictivos en variables como la edad, la superficie de área quemada y la profundidad de la misma para la función de la mano a largo plazo18.

No se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre la escarectomía temprana comparada con la tardía y su relación con la presencia de limitación funcional. Existen datos contradictorios a este respecto.
Akbar et al. en un ensayo clínico aleatorizado concluye- ron que no existen diferencias significativas entre el grupo con desbridamiento e injerto temprano, comparado con el manejo tardío en relación con la función, la sensibilidad, la formación de cicatriz y la limitación de las actividades de la vida diaria13. Por otra parte, en otro ensayo controlado aleatorizado, Mohammed T. et al. concluyeron que el desbridamiento y el injerto de piel temprano dan mejores resultados que el manejo diferido en términos de preservación de la función de la mano y estancia hospitalaria7.
Los factores que aumentan la probabilidad de realizar cirugía reconstructiva en pacientes con quemaduras en mano son la etiología de la quemadura, la profundidad de la quemadura, el manejo quirúrgico en la fase aguda y el manejo tópico con nitrofurazona. Dentro de la etiología, las quemaduras eléctricas presentan 14 ve- ces más probabilidad de requerir cirugía reconstructiva. Los datos también muestran que los pacientes sometidos a escarectomía, injertos de piel y fasciotomía durante la fase aguda tienen mayor probabilidad de requerir un procedimiento reconstructivo en comparación con los que recibieron manejo conservador. Los datos obtenidos concuerdan con los resultados de otros estudios donde el manejo quirúrgico en la fase aguda tuvo una fuerte relación con la necesidad de hacer cirugía reconstructiva6.
Pocos estudios han publicado la epidemiología de la cirugía reconstructiva después de las lesiones por quemadura6, en especial, en las lesiones que compro- meten la mano. Prasad et al. 19 encontraron una pre- valencia de cirugía reconstructiva después de la quemadura de 19,9%, que resulta casi tres veces mayor a la encontrada en este estudio. Los autores reportaron como las localizaciones más frecuentes los brazos, las manos y el cuello, y los pacientes que más requirieron reconstrucción fueron los más jóvenes; en contraste con los datos obtenidos en la población de estudio, no se encontró asociación entre la edad y la necesidad de procedimientos reconstructivos. Otro estudio reportó la realización de cirugía reconstructiva en 0,65% de pacientes con lesiones superficiales que no requirieron cirugía primaria, en el 6,6% de pacientes con compromiso profundo y en el 66% de los pacientes con compromiso de tendón, cápsulas articulares y hueso11,20.

Conclusión
Los datos obtenidos muestran que el 15% de los pacientes presentó algún tipo de limitación funcional y el 6,3% requirieron algún tipo de limitación funcional. Los factores asociados a una mayor probabilidad de presentar limitación funcional en la mano incluyen el manejo quirúrgico durante la fase aguda, el manejo con nitrofurazona y la profundidad de la quemadura; para el caso de la necesidad de reconstrucción se encuentran las quemaduras eléctricas, y el resto de factores encontrados para la limitación funcional. En la unidad de quemados, donde fueron tratados los pacientes del estudio, el manejo conservador con vaselina produce adecuados resultados en pacientes pediátricos con quemaduras en mano, con menor probabilidad de presentar alteraciones funcionales y necesidad de procedimientos reconstructivos, en comparación con el manejo quirúrgico durante la fase aguda del tratamiento, y posiblemente con menores costos en la atención.

 


Palabras clave

quemaduras, mano, niño, niños con discapacidad terapéutica, fisioterapia, burns, hand, child, disabled children, physical therapy

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