La nariz en la literatura

RICARDO SALAZAR LÓPEZ

Resumen

Resumen
Se hace un recuento y compilación de la descripción de la nariz y sus lesiones en diferentes obras de la literatura universal.

Abstract
A description of the nose and its different injuries as depicted in various documents from universal literature.

El rostro del ser humano presenta infinitas variedades y aspectos. Uno de sus rasgos que influye determinantemente en su individualidad y diferenciación es el tamaño, forma y piel de la nariz. Así mismo se la considera un aspecto característico de diferenciación racial. Con el trascurrir del tiempo ha sido mencionada y descrita en una importante cantidad de obras literarias,  religiosas e históricas por la gran mayoría de las culturas, inspirando relatos, poesía, teatro y fantasía. 
Uno de los textos más antiguos de la mitología hindú, el Ramayana, en cuyo contenido hay una descripción  del rapto de la esposa de Rama llamada Sita: La respuesta de Rama llenó de odio contra Sita el pecho de Surpanaka. Para proteger a la esposa de Rama, Laksmana tuvo que luchar contra la princesa Raksa, y con su furiosa espada le partió la nariz y las orejas. Esta  situación fue descrita por Rama así: “Observa a esta horrenda mujer, temible e inmensa, que hoy con solo mirarla, provoca el quebranto de los corazones piadosos; sin embargo, hoy terminaré con su poder cortándole su nariz y sus orejas. No quiero matarla pues su aspecto femenino la protege”1. 
Otro de los episodios más frecuentemente mencionados es el de la reacción de la nariz ante determinadas situaciones, ya sea para demostrar alegría, rechazo o enfado, en muchas ocasiones se emplea la frase: “Subírsele el humo a las narices” considerada como un sinónimo de exasperarse o enfadarse y es tal su utilización que hasta en la Biblia cristiana se encuentra este  término, descrito en el Libro de los Reyes, capítulo 22, versículo 9 de la siguiente manera: “El humo de sus narices (o de su enojo) se levantó en alto; y despedía de su boca fuego devorador”. En esta misma obra se puede encontrar otra descripción de esta situación en el Libro de Job capítulo 41, versículo 11, detallada de la siguiente manera: “Sus narices arrojan  humo, como la olla hirviente entre llamas”. 
Una de las culturas que ha registrado documentalmente tanto sus ideales como sus doctrinas es la musulmana y su obra fundamental es El Corán, en el capítulo 5, versículo  45, se encuentra el siguiente texto: “Les hemos prescrito en ella (La Torá, la Ley del Talión). Vida por vida, ojo por ojo, nariz por nariz, oreja por oreja, diente por diente, y con las heridas (también  aplicada) la Ley del Talión. Y si los familiares de la víctima perdonan (que se le aplique la pena al culpable), le  serán borrados (por ello) sus pecados. Quienes no juzgan conforme a lo que Alá ha revelado, esos son los inicuos.
Un muy importante documento para la historia universal de la medicina elaborado por la civilización egipcia, el papiro de Edwin Smith describe lesiones y  tratamientos. En el caso enumerado II refiere lo siguiente:

“Si examina a un hombre que tiene rota la columna de su nariz, su nariz está desfigurada y deprimida, mientras que la hinchazón arriba protruye y sangra por los orificios nasales, deberá limpiar con dos tapones de lino. Deberá colocar otros dos tapones de lino, saturados con grasa, en la parte interior de los orificios nasales,  y deberá colocar dos rollos duros de lino con  los que sujetará su nariz”.

En Egipto las vida de Cleopatra (Figura 1) fue trascendental. Su idilio con el emperador Julio César fue fructífero y significativo para el progreso de su comunidad, pero al morir este, subió al poder Octavio y ella trató de iniciar una relación con el nuevo emperador, sin lograrlo y de acuerdo a comentarios de sus súbditos cercanos, debido a que a Octavio no le gustó la  nariz de Cleopatra por lo que ella terminó suicidándose. Tal mito  motivó a que la escritora Judith Thurman en su libro “La nariz de Cleopatra” incluyese una frase atribuida a Blas Pascal que lo alude: “Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, toda la faz de la tierra habría cambiado”1.
Don Miguel de Cervantes y Saavedra en el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha hace la descripción del bachiller Sansón Carrasco en el capítulo III  titulado: “Del ridículo razonamiento que pasó entre Don Quijote, Sancho Panza y el bachiller  Sansón Carrasco”, de la siguiente manera: “Era el bachiller, aunque  se llamaba Sansón, no muy grande de cuerpo aunque  muy gran socarrón; de color macilenta, pero de muy buen entendimiento; tendría hasta veinte y cuatro años, carirredondo, de nariz chata y boca grande”.



El gran escritor Don Francisco Gómez de Quevedo Villegas quien durante su vida se ganó la enemistad permanente del presbítero y poeta cordobés Luis de Góngora y Argote. Esta pugna se libró con plumas,  cuando lo usual era dirimir diferendos en duelo de espadas. Los dos escritores se zaherían mutua y líricamente. Por su lado, Quevedo (Figura 2) se burlaba del tamaño  de la nariz de Góngora y tituló un soneto: 

“A una nariz”.
Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un peje espada muy barbado; era un reloj de sol mal encarado, érase una alquitara pensativa érase un elefante boca arriba, era Ovidio Nasón más narizado. érase un espolón de una galera, érase una pirámide de Egipto, las doce tribus de narices era; érase un  naricísimo infinito, muchísima nariz, nariz tan fiera que en la cara de Anás fuera delito  El dramaturgo francés Edmond Rostand en su obra más conocida, Cyrano de Bergerac (Figura 3), narra las aventuras de un militar gascón quien se caracterizó por su agresividad y petulancia, siendo además un gran poeta y escritor, poseedor de una nariz muy prominente y deforme que le generaba una inhibición para su trato con el sexo femenino. Desventaja que lo llevó a compensar con sus habilidades como espadachín y como poeta, y a diatribas contra la nariz, con diferentes apelativos entre los cuales figuran los siguientes:

“Pueden decirse muchas cosas sobre mi nariz. Por ejemplo: Agresivo: si tuviese una nariz semejante, caballero, me la cortaría al momento. Satírico: ¿Cómo bebéis; metiendo la nariz en la taza o con la ayuda de un embudo? Descriptivo: ¡Es una roca… un pico…un cabo…! ¿Qué digo un cabo?... ¡es toda una península! Curioso: ¿De qué os sirve esa nariz?, ¿de escritorio o  guardáis en ella las tijeras? Gracioso: ¿Tanto amáis a los pájaros que os  preocupáis de ponerles esa alcántara para que se posen?  Truculento: Cuando fumáis y el humo del tabaco sale por esa chimenea… ¿no gritan los vecinos; ¡Fuego!... ¡Fuego!? Prevenido: Tened mucho cuidado, porque ese peso os hará dar de narices contra el suelo. Tierno: Por favor colocaros una sombrilla para que el sol no la marchite. Pedante: Solo un animal, al que Aristóteles llama hipocampelefantocamelos, tuvo debajo de la  frente tanta carne y tanto hueso. Galante: ¿Qué hay amigo? Ese garfio... ¿Está de moda? Debe ser muy cómodo para colgar el sombrero.

Cuando el éxito de esta obra teatral se extendió por el mundo se utilizaba el nombre de Cyrano para hacer burlas de personas con nariz grande, pero al mismo tiempo en la medicina se adoptó el término de Angioma de Cyrano al angioma de punta nasal el cual deforma significativamente la nariz.2 Otro escritor de la época quien también en una de sus obras resaltó la nariz fue Carlo Collodi quien en su universalmente famoso libro: “Las aventuras de Pinocho” (Figura 4), relata como a su protagonista cada vez que decía una mentira le crecía la nariz, “A esta tercera mentira se le alargó la nariz de un modo tan extraordinario que el pobre Pinocho no podía volverse a ninguna dirección.

Si se volvía de un lado,  tropezaba con la cama o con los cristales de la ventana; si se volvía de otro lado, tropezaba con la pared o con la puerta del cuarto, y si levantaba la cabeza,  corría el riesgo de meter al Hada por un ojo la punta de aquella nariz fenomenal”3. El ruso Nicolai Gogol escribió un libro titulado La Nariz, cuyo contenido se refiere a un hombre quien espontáneamente perdió su nariz y la temática  principal relata los diferentes episodios ocurridos mientras la buscaba, cuando al final la encontró consultó con su médico la forma de colocarla nuevamente en su lugar a la que este no solamente no le ofreció el procedimiento quirúrgico sino que le propuso un manejo empresarial de la situación, para lo cual le respondió de la siguiente manera: “Créame- dijo el médico  con voz ni muy alta ni muy baja, pero en tono persuasivo, nunca atiendo  por interés; eso va contra mis principios y mi arte. Es verdad que cobro mis visitas, pero por el solo motivo de no ofender con mi negativa. Claro que yo podría pegarle la nariz, pero le juro por mi honor, si es que no da crédito a mi palabra, que esto no hará más que empeorar la situación. Es  mejor que deje  obrar a la naturaleza. Lávese a menudo esa parte con agua fría y le aseguro yo que vivirá usted sin nariz tan sano como si la tuviera. En cuanto a la  nariz, le aconsejo que la conserve en un frasco lleno de alcohol, o mejor aún, que eche allí dos cucharadas de vodka y vinagre caliente…Podrá obtener mucho dinero por ella. Yo mismo se la compraría siempre que no pidiese demasiado por ella”.4 Uno de los más connotados y eminentes cirujanos plásticos en Latinoamérica, Ernesto Malbec, quien luego de una importante y trascendental trayectoria profesional  escribió un libro relatando episodios y anécdotas de su ejercicio profesional, en uno de ellos relata como cuando en 1946 viajó a Nueva York con el fin de observar el trabajo de los cirujanos plásticos de dicha ciudad, asistiendo lunes, miércoles y viernes a presenciar cirugías de un reputado profesor de la época y al finalizar el día lo invitaba a tomar café y llevaba a su casa en automóvil. Se suponía que un jueves el profesor no operaría, pero se sorprendió al saber que sí, que estaba en cirugía. Trató de ingresar al quirófano, pero el personal del hospital no se lo permitió. Se retiró disgustado sabiendo de que el mismo personal que era afable y amistoso tenía conocimiento de su identidad y trayectoria profesional. Al día siguiente le comentó a  otro cirujano la situación y le manifestó su inconformidad a lo cual este le respondió: 

“Cuando yo te explique la causa de la ofensa, verás que no es tal, y te vas a morir de risa tú también. Escúchame. Ese profesor a quien vienes a ver operar los días lunes, miércoles y viernes, opera también los días jueves. Ahora bien, te deja entrar esos días lunes, miércoles y viernes, porque en ellos opera a los enfermos por primera vez, cuando no es posible apreciar los resultados. Los jueves, en cambio, no entra nadie en la sala de operaciones, aunque venga escoltado por la policía, porque esos días los dedica  a los enfermos que arruinó en las intervenciones anteriores ¿No te acuerdas qué dijo una vez que le preguntaron cómo se aprendía a operar narices? Dijo textualmente: “Se aprende a operar narices a fuerza de arruinar narices”5.

Existen muchas más obras literarias en las cuales se destaca la importancia de la nariz, esto posiblemente justifique un estudio más detallado del tema, pero todo ello se podrá evaluar con el trascurrir del tiempo. 


Palabras clave

nariz, fractura, respiración, rostro.

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Referencias

Referencias

1. Thurman, Judith. La nariz de Cleopatra. 2009, pág. 402.

2. Rostand Edmond. Cyrano de Bergerac www.pdffactory.com p. 18.

3. Collodi Carlo. Aventuras de Pinocho www.pdffactory.com p. 107.

4. Gogol Nicolai. La nariz, www.pdffactory.com p. 13.

5. Malbec, Ernesto. Anecdotario de un cirujano plástico. Artes gráficas

Bartolomé. Buenos Aires 1970, p. 137.

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